Pasó el invierno y con él, también se fueron las últimas nieves de la Cordillera Cantábrica.
Aún tenía esperanzas de finalizar la temporada durante estas vacaciones esquiando el Aneto, en los maravillosos Pirineos. Pero el mal tiempo nos hizo cancelar el viaje.
No paró de llover durante los días que tuve libres, de manera que me dediqué a hacer pequeñas actividades cerca de casa; Btt, correr, Tomar vinos... Hasta que me llamó Ana para proponerme hacer con ella y su amiga Isi, parte del Camino de Santiago hasta Fisterre. Una gran idea teniendo en cuenta que el pronóstico de la meteo para esas fechas era buenísimo.
Y así, de un día para otro, preparamos la ruta a seguir, con gran ilusión. Pues ya hacía veintidós años que lo recorrí por vez primera con mi amigo Paco. Y tenía ganas de volver a hacerlo.
Como solo disponíamos de cuatro jornadas, aprovechamos la tarde del Martes para acercarnos en coche hasta Palas do Rei, en la provincia de Lugo. De allí partiríamos a la mañana siguiente rumbo a Santiago por unos parajes y senderos preciosos, sin apenas tocar asfalto.
La llegada a Santiago fue sobre las siete de la tarde. Echamos todo el día en recorrer unos setenta km, pero con tanto calor había que parar de vez en cuando a tomar una clarita, jejeje.
Por la noche visitamos la ciudad, cenamos el sabroso "pulpiño" y celebramos el cumple de Isi, con la tradicional tarta de Santiago.
El Jueves madrugamos, pero el desayuno se prolongó más de lo normal en una cafetería cercana a la catedral. Estaba tan rico!!! De manera que cuando iniciamos la marcha eran ya las doce del medio día. ¡¡¡Quien dijo prisa!!!
Esa etapa fue la más dura, con contínuas subidas por terreno descompuesto, alguna trialera y Sol de justicia. Así llegamos a Olveiroa.
La última jornada fue la "caña". Pero no por su dureza, sino por que no hicímos otra cosa que parar en los mesones que encontrábamos a hidratarnos. ¡¡¡Y que ricas las cañitas!!!
Incluso la valiente Isi se atrevió a darse un baño en el frío Atlántico.
Así, entre cañas, risas y alguna que otra canción llegamos a Fisterre, donde disfrutamos de una puesta de Sol preciosa, mientras degustábamos un buen vino, acompañado de pan, queso y lomo. (El mejor restaurante con la más espectacular vista)
Para finalizar, nos tocó la parte más aburrida del viaje. Coger un autobús hacia Santiago, hacer transbordo y tomar otro que nos dejaría en Palas do Rei. Donde nos esperaba el coche para volver a casa.
Cuatro días que cundieron más que quince, gracias a mis compañeras "peregrinas" que hicieron muy fácil la convivencia.
Espero repetir.